Two weeks for refugees

Día 11 y día 12. Todo lo que empieza, se acaba

Buenas noches/buenos días, 

A lo largo de nuestro eterno viaje de vuelta vamos a ir escribiendo nuestros dos últimos días en Sounio y en Grecia. Nuestro viaje ha terminado y somos un poco diferentes ahora. Vamos a intentar transmitiros nuestra actividad, y quizás después terminemos intentando explicaros nuestros sentimientos ahora, la extraña sensación con la que nos quedamos, y cómo podemos gestionar esto ahora. 

El viernes comenzamos por fin la distribución de ropa. Cada media hora están citadas dos familias, que pueden buscar entre las cajas aquello que necesiten con un límite de prendas por persona. La puntualidad no es lo normal aquí, así que somos flexibles, y además somos conscientes de que treinta minutos no son suficientes para encontrar ropa para 4-5 miembros de la familia que viven de media en cada caseta. También es cierto que no hay suficiente ropa para elegir, y sobre todo que ésta ni suele estar nueva ni está en diferentes tallas. Durante esta semana nos hemos encargado de proveer de  ropa interior nueva (sujetadores, bragas y calzoncillos) al container, sin embargo la ropa nunca es suficiente en todas las categorías (faltan zapatos, pijamas y calcetines de hombre, por ejemplo ). El sábado también hemos hecho distribución, y las conclusiones son: es un momento bastante estresante, no hay tiempo suficiente, todo se vuelve a desordenar y lo que más cuesta es decir a alguien que no puede llevarse más cosas, incluso sabiendo que las necesitan. La idea es no ser flexible en este aspecto de manera que la distribución sea lo más justa posible para todos. La distribución nos ha chupado energía pero es satisfactorio ver cómo se van llevando prendas y cobra sentido una parte de nuestro trabajo aquí.

Aparte de esto, el viernes Richi jugó su último partido de fútbol, con un sabor quizás agridulce. Por un lado, sabía que posiblemente no compartiría este momento ninguna vez más con toda esta gente, y además faltaron los más mayores, que fueron los que le invitaron a jugar el primer día. Sin embargo, la posibilidad de haber podido conocer y acercarse a la gente a través del deporte y de los lazos pequños pero cercanos que se crean durante un partudillo, es algo que ya se queda en su interior para siempre. Mientras, Ross el coordinador, nos invitó a cenar a todos los del equipo de Drop a un platazo de pasta bastante bueno que cocinó en el camping. Cansados del día no pudimos escribiros más y nos fuimos a dormir.

Sábado, último día y mañana y tarde de distribución loca. Ana pudo hacer un paréntesis, fue a las 10:00 a casa de Hawla para llevarla a la escuela y darle el masaje. Al explicarle de nuevo que debía volver a España su actitud cambió, mostrando tristeza y enfado a partes iguales...todas las voluntarias se van y ella se queda. Es difícil manejar estas emociones cuando son tan claras, tan ajustadas a la realidad y tan desagradables. Aunque el masaje fue bien, terminó cogiendo el móvil y haciéndonos fotos y videos a las dos, después no quiso quedarse a la clase de inglés. Estaba enfadada y no se sentía a gusto ahí. Le prometí que iría a buscarla y a despedirme de ella antes de irme. Después del resto de mañana en los container, unos haciendo sorting y otros distribuyendo ropa, la hora de comer fue un poco rápida. Teníamos pendiente con Ross mirar por internet y comprar para que los enviaran al camping, un proyector y una pantalla para la escuela del campo. Con vuestras aportaciones íbamos a poder contribuir de otra manera más al bienestar de los residentes. Buscamos características, prestaciones, comparamos precios, etc...pero ninguna tienda online (amazon, ebay...) realizaban envíos a nuestra dirección; por lo tanto decidimos dar a Ross 300€, ya que el lunes iba a ir a Atenas y lo compraría allí. En cuanto tengamos foto os lo pondremos por aquí.

Tarde de sábado loca de distribución, y al finalizar Richi se dio una última vuelta por el campo, despidiendo a las caras conocidas quizá hasta siempre, como a "hadji", al que le mostró su agradecimiento. Pero sobre todo buscaba a Mazeen (en algún post anterior escribimos Masee pero es el mismo chico). Este chico de quince años que había conocido desde la primera noche en la Tea Party había sido el más cercano a mí, y confiábamos mutuamente en nosotros. Nos intercambiamos los números de móvil, y como llevaba las llaves del coche de Drop en el bolsillo le llevé de copiloto hasta el camping, donde estuvimos un ratillo más como saboreando la despedida. Nos hicimos finalmente una foto juntos, y en la puerta del camping nos despedimos ya definitivamente con un abrazo.

Ana se fue a su última clase de ejercicio para mujeres. Fue algo especial, los últimos minutos en el campo en un ambiente divertido y con el mejor final: al acabar pusieron su música siria y nos pusimos a bailar juntas de la mano (o las voluntarias lo intentábamos). Buena guinda. Después, despedidas y más despedidas. Me estaba esperando Hawla en la puerta, a quien acompañé a donde estaban su madre y sus hermanos para despedirme de todos. Bastante duro, aunque con la esperanza de que prontito se irán del campo a España o Alemania, y supuestamente estarán mejor atendidos. Después fui a la caseta de mi nueva familia siria: Rasha, Abdo, Sima, Ibrahim y Shyar. Me invitaron a café y fue lo más difícil contener las emociones delante de unas personas que tienen más que suficiente con cargar con las suyas. Yo llevaba un teléfono de juguete con sonidos y luces para el pequeño con síndrome de Down, unos pomperos para el mediano, y un lápiz y una libreta que llevaba por casualidad con la foto de una niña con síndrome de Down que decía: "soy especial, como tú". Mínimos detalles que crearon un momento inolvidable con las pompas: los dos niños soplando, Shyar riendo y siguiéndolas con la mirada...era hora de irme, y no me dejaron marchar sin regalarme una pulsera suya muy bonita, que la tengo conmigo. Como no podía ser de otra manera, me despidieron con las pompas y con ese aire me fui.

Con todo esto en la mochila de las emociones, cenamos con nuestros compañeros de Drop, cerramos nuestras maletas, nos despedimos de ellos, y ya Ross nos llevó hasta el aeropuerto. Nuestro viaje ya ha tocado a su fin, nos sonaba duro pero era así.

Con este post acaba el relato de nuestro viaje, pero no será último. Seguiremos escribiendo alguna cosa más que os la iremos haciendo saber.

Muchas gracias por habernos ido leyendo todos estos días, hemos notado todo vuestro apoyo. Sabed que habéis sido partícipes tanto con vuestras palabras de ánimo como con vuestras aportaciones económicas.

Muchas gracias por todo. Un abrazo muy fuerte.

Ana y Richi.


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