Two weeks for refugees

Y después... (Ana)


Escribo unos días después de regresar de Grecia; es necesario un tiempo para reposar algunas de las experiencias vividas y sentidas. Mil ideas revolotean por la cabeza, mil sentimientos nuevos a los que hay que encontrarles lugar y forma de canalizarlos. Con este post a modo de cierre temporal quería transmitir lo que a veces no es fácil de explicar, especialmente por el dolor que supone. En este caso seré yo, Ana, quien escriba desde mis vivencias, y Richi lo hará por otra parte desde las suyas.

Sabía que este viaje no iba a ser fácil, una vez que tomas la decisión de hacer algo así ya se está sensibilizada hacia esta parte de la historia que estamos viviendo. (Creo que) Estaba preparada para escuchar historias terribles, para conocer situaciones especialmente vulnerables, para ver lugares que no deberían existir… Sin embargo quizá no me había concienciado tanto de la parte más dura: la vuelta a casa. Irse significa sentir que tu trabajo ya ha terminado, que no puedes seguir ayudando, que dejas a las personas “a su suerte” (aunque ciertamente antes y después de estar nosotros su situación no ha cambiado), que tú vuelves a tu vida, es decir, tienes un lugar al que volver… La sensación de injusticia y de impotencia aumenta todavía más si cabe cuando entras en el avión de vuelta y tu pasaporte es válido. Cuando el avión ha aterrizado, y has tenido un pasaje seguro, legal y voluntario. Cuando el autobús llega a casa, y te está esperando tu familia y tu estupenda vida. Esta vuelta significa no encontrar sentido al funcionamiento del mundo, a lo aleatorio que es nacer en un lugar o en otro y las consecuencias que esto tiene en la vida de cada individuo. Significa no poder creer que Europa continúe mirando a otro lado mientras esto ocurre. Significa que la realidad es dolorosa, es incongruente y es injusta. Casi insoportable. Mucho más que antes de este viaje. Poner caras y voces, establecer vínculos, sentirse más cerca de ellos…es algo por lo que todos deberíamos pasar, no solo en este caso, sino en cualquiera de los conflictos que inundan el mundo.

Estos días nos habéis preguntado, os habéis interesado por lo que hemos visto o hecho, pero se hace muy difícil transmitirlo todo. Hay tanto por contar y tanto por hacer… La experiencia ha sido muy valiosa e inolvidable, algo que te cambia en cierto modo. ¿Si repetiría? No lo sé decir ahora, desgraciadamente todo indica que esta situación se va a alargar mucho en el tiempo, algunos años, por lo que es difícil saber cuál será el siguiente paso. Por el momento hay algún proyecto para continuar colaborando desde Zaragoza. Hay familias que ya han llegado aquí, a Teruel y quizá próximamente a Huesca. También quedamos pendientes de algunas de las personas que conocimos en Grecia, que tienen planeado asentarse en España si fuera posible. Es importante tratar de canalizar la impotencia y la rabia en voluntad para que las cosas sigan mejorando. En ello estamos y en ello seguiremos.

Por último, decir que no podía haber tenido mejor compañero para este viaje… ha sido muy especial poder hacerlo juntos para crecer al mismo tiempo.

Gracias a los que nos habéis apoyado de todas las formas posibles. Espero que este viaje y este blog hayan servido a los objetivos con los que lo empezamos: informaros de nuestra actividad y de nuestras inversiones de dinero allí y aquí, acercaros un poco a la situación real que viven estas personas, y animaros a emprender algo activamente. Las instituciones no llegan ni están a la altura, es el movimiento social y humano el que está mejorando en cierto modo la situación de estas personas. Nosotros tenemos la responsabilidad de cambiar y exigir a nuestros gobiernos un trato digno y justo, así como de hacer lo que esté en nuestras manos de manera individual o local.

Un beso, no dejemos que caigan en el olvido,

Ana


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