Two weeks for refugees

Algunos apuntes ya desde casa (Richi)

Va a hacer ya dos semanas que Ana y yo volvimos de Grecia, tras acabar el viaje que dio origen a este blog.

Suponemos que como ya andamos por aquí, y muchas nos habéis visto y hemos podido compartir con vosotras bastantes de las experiencias que hemos vivido, este blog ha bajado casi a cero sus visitas en estos días. Sin embargo, volvemos a llamar vuestra atención por diversos medios para que podáis leer, si lo tenéis a bien, algunos posts que hemos escrito a nuestro regreso, como nuestra rendición de cuentas del dinero que nos confiásteis, que podéis ver más abajo; y también un par de entradas, escritas personalmente por cada uno de nosotros dos, en las que hemos querido aprovechar para hacer una serie de reflexiones y conclusiones más personales acerca de lo vivido y experimentado (o experienciado como dirían las psicólogas que lean esto :P). Aquí van las mías:

Lo cierto es que aunque sea poco tiempo, estas casi dos semanas que han pasado tal vez hagan que algunos detalles o pequeños pensamientos que tienes durante el viaje ya se vayan difuminando y queden relegados a un segundo plano, o incluso se pierdan; pero también opino que esto quizá nos ayude a mirar las cosas de una manera más fría y sopesada, haciendo afinar nuestro análisis, nuestro diagnóstico, la reflexión y la conclusión.

Probablemente en este aspecto, yo sea una persona más fría que Ana, al menos externamente, sin embargo de una manera u otra, vivir de primera mano el contacto que hemos tenido con las refugiadas de Siria, Afganistán y otros países, indudablemente nos ha de marcar para siempre, al menos en el sentido de que sabremos de qué hablan, pondremos cara, voz y sentiremos las historias personales de aquellas que mentan en el televisor cuando dicen la palabra "refugiados". Podremos percibir de una manera más cercana el sentir de un ser humano envuelto en un conflicto bélico, obligado a salir de la tierra donde querría vivir, de su casa... incluso aun cuando seguimos teniendo el privilegio de no haber escuchado un estruendo de bomba en nuestras vidas.

Como digo, desde mi cabeza un tanto rectilínea, y pasada por el filtro de lo político, fruto de tantos años de aprendizaje y militancia, uno va a un sitio como este con una idea de las cosas un tanto dibujada, aun sabiendo de lo complejo del conflicto (al sirio me refiero en concreto); y sin embargo, ese contacto tan cercano, ese diálogo cara a cara con personas que han visto convertirse en escombros a sus barrios, hace que te plantees los porqués, que empatices con lo que pueda sentir o pensar una persona que ha vivido esa realidad. Como bien nos enseña el materialismo, a fin de cuentas la conciencia de cada uno viene a ser formada por sus condiciones objetivas de vida. Esto no quiere decir, en todo caso, que yo haya cambiando mi opinión a la vuelta, la cual se asienta en los principios del internacionalismo, la solidaridad entre los pueblos, y el rechazo a la injerencia de potencias extranjeras por puros intereses mercantiles. Pero, por otro lado, te das cuenta de que el no vivirlo en tus carnes te da el privilegio de observarlo desde fuera, con una mirada geopolítica, más fría, opinando a veces muy ligeramente, pensando en grande, sin reparar en lo concreto, en la gente. Simplemente conocer a los protagonistas, a las víctimas de un conflicto, te ayuda a no olvidar que los números de muertas, de desplazadas, de olvidadas en el fondo del mar, los números que aparecen en acuerdos de vergüenza firmados por nuestra Unión Europea, son ante todo personas, y que inevitablemente la manera en que hayan sufrido el conflicto les va a condicionar su modo de observarlo y analizarlo.

Habiendo nombrado la empatía, también quiero tocar aquí una reflexión que ya he hablado con algunas de vosotras. Siria antes de la guerra era un país bastante desarrollado, sobre todo en relación a sus países de su entorno, tanto económica como socialmente. Esto hace que cuando tratas con ellos, te das cuenta perfectamente de que no son gente que haya tenido una vida de penuria desde hace décadas, que lo hayan pasado muchísimo peor hay millones en el mundo. Pero por otro lado sientes como ese hecho, el poder verte reflejado en el chaval de tu misma edad que tienes enfrente, que ha podido incluso haber hecho tu misma carrera, y haber tenido una experiencia laboral parecida a la tuya, todo esto, hace que puedas llegar a empatizar mucho más y a llegar a sentir mucho más la injusticia que están viviendo. Y entonces te planteas que podría sucederte a tí mañana mismo, que tu situación podría no ser tan distinta, que tu historia sería parecida de darse el caso.... y conforme piensas esto caes en la cuenta de nuestra propia Historia, de la de muchas de nuestras compatriotas, de esa Historia no tan lejana, que aun tiene rostros y voces aunque con arrugas y canas, que en su día tuvieron que salir en un barco o cruzar las montañas por razones bien similares. No podemos ser ajenos a esta Historia que sucede ante nuestros ojos, porque también ha sido la nuestra. Y pensando esto piensas que tienes una deuda con esta gente. Una deuda que cumplir con tu propia Historia, la de tu país, con tus compatriotas que también tuvieron que huir y se les trató unas veces bien, y otras como a perros, y una deuda bien actual como europeo, como ciudadano que siente vergüenza de aquellos que le dicen representar, por su impasividad, por su hipocresía, y por su cinismo, pues también somos co-responsables de lo que allí pasa, pero cuando las consecuencias de las bombas que tiramos fuera también saltan puertas adentro, algunas miran para otro lado. Por suerte o por desgracia, no estoy seguro, esa desconexión con los gobernantes que tenemos es la que ha hecho ponernos en movimiento a la sociedad civil, a nosotras, a vosotras, que de una manera u otra hacemos realidad la solidaridad internacionalista entre las personas de todos los pueblos con experiencias como la que hemos vivido. Y aun así no es suficiente, tristemente no es suficiente.

Y porque no es suficiente, engarzo con este último párrafo, es la razón por la que debemos tener claro que las soluciones deben venir de lo colectivo y  dela organización, y con una perspectiva radical (que por mucho que se pervierta esta palabra siempre insistiré en que quiere decir de la raíz). Con esto quiero decir que está muy bien que nosotras hayamos ido 15 días para allí, y que gracias a vosotras algo hayamos podido mejorar, pero son eso,15 días, y volvemos, y como nosotras casi todas las que vamos, y al final no hacemos sino paliar síntomas de una enfermedad. Es por ello que llamo a, en la medida de nuestras posibilidades, estar concienciadas y organizadas, pues nuestras vidas, las nuestras que también hay que vivirlas, siguen estando aquí, y aquí en España es donde debemos empujar para conseguir que no hagan falta Richis y Anas que vayan a Grecia (y sin irnos tan lejos, que en nuestro país bien sabemos que hay mucho por hacer), no queremos ser parches, queremos ser pueblo, pueblo empoderado capaz de llegar a soluciones que ataquen a los problemas desde su raíz. Encontrar la manera y el lugar desde el que hacerlo y sentirnos cómodas con ello es una búsqueda de cada una, y nadie asegura que el camino sea fácil, pero no por ello hemos dejar de intentarlo ;)

No se si las palabras que me han salido son las que tenía pensadas en un principio, pero son las que mis manos han querido teclear tal como escribía. Seguro que se complementará bien con las palabras escritas por Ana, que conociéndola, suscribo a ciegas en su totalidad. En todo caso, siempre quedará más tiempo para escribir nuevas cosas, este blog presumiblemente queda en standby, pero no se cierra :)

Espero que hayáis disfrutado con la lectura de lo escrito por Ana y por mí durante todas estas semanas. A nosotras solo nos queda agradeceros una y mil veces más todo el cariño y apoyo recibido.

Muchas gracias, mil besos,

Richi.


Nota: este post está escrito deliberadamente con el femenino como género neutro en su redacción, con el fin de visibilizar a dicho género en el lenguaje.

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